Novenas a la virgen de Guadalupe, entonces y ahora, aquí y allá. Portadoras de la identidad colectiva. Yucatán. Versión extendida
Novenas a la virgen de Guadalupe, entonces y ahora, aquí y allá. Portadoras de la identidad colectiva. Yucatán.
May, Sharon
Todos los nombres utilizados en el texto cuentan con la autorización para dicho fin.
Este trabajo inició con un objetivo principal: mostrar cómo se realizan las novenas en Mérida en pleno 2025. Pero conforme comencé a investigar y oyendo lo que me contaban, no cabía toda la información en la idea que tuve primeramente. Entonces, decidí hacer un mix con todo lo que encontré y de ahí nació lo que, con mucho trabajo, nombré: Novenas a la virgen de Guadalupe, entonces y ahora, aquí y allá. Portadoras de la identidad colectiva. Las novenas, me parece, son un tema del que poco se ha interesado en escribir pero que tiene mucho que decirnos.
La idea principal era centrarse meramente en las novenas decembrinas a la Virgen de Guadalupe, pero es probable que no sea así; hay tan poca información tan especializada en este caso y, en general, la devoción a esta virgen es bastante nueva (aunque su aparición fue alrededor de 1531) que trabajaremos con las fuentes que hemos tenido a mano.
Sé, porque pregunté a algunos compañeros de fuera, que las novenas no se hacen de la misma forma en todo el país. Así que abrimos definiendo a qué nos referimos con novena o novenario. El Diccionario de Autoridades de 1732 (citado en Cruz Sánchez, S.F.) menciona que las novenas son “un espacio o término de nueve días que se dedican a la devoción y culto de un santo, para alcanzar alguna gracia o favor por su intercesión, o para su celebridad”. En la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana (citada en Cruz Sánchez, S.F.) tenemos una definición parecida, exceptuando la parte en la que recalca “y para implorar su protección o la impetración de alguna gracia, muy frecuentemente estas devociones están indulgenciadas por el Sumo Pontífice o los Obispos”. Y ya para una definición más local, en Solares, rumbos y pueblos: organización social de mayas peninsulares dicen que “Consiste ésta [la novena] en un grupo de parientes y vecinos de la familia en cuestión que se organizan para rezar durante nueve días seguidos cada noche un rosario”.
Resumiendo, pues, son un conjunto de nueve días (o noches, en el caso del que hablaremos) en el que se le dedican oraciones y rezos a un Santo con el fin de obtener de él un favor, o de agradecerle por haberlo cumplido.
Existen novenarios incluso en otras religiones distintas a la católica. Su origen en esta es difícil de precisar pues no se puede afirmar que es del todo una imposición que ordenó el clero pero tampoco que nació de la creatividad del pueblo. Es imposible conocer con precisión cuándo y quién hizo la primera novena, se sabe que se hacían en España y luego pasaron a América. Hay registro de su práctica en Catalayud (municipio en España) entre 1486 y 1493. El registro más antiguo de ellas en Yucatán data de 1722, lo que no quiere decir que no se hayan practicado desde antes, solo para darnos una idea.
Sea cual sea el origen y la intención de los textos de novenas, lo cierto es que se convierten en instrumentos «aptos» para que la piedad popular pueda expresarse al dirigirse expresamente a un santo «suplicando» favores. (Piñuel y Raigada, 1978). La realidad es que, aunque se empezaron a hacer por una promesa o en agradecimiento a un santo, en la actualidad ya es más común que solo se haga “por tradición”.
Primeramente, nos centraremos en la protagonista de estas novenas: la Virgen de Guadalupe, ¿Quien es? ¿Que la hace objeto de tanta devoción, no solo en el estado sino en el país?
La afamada Virgen de Guadalupe.
La Virgen de Guadalupe es una manifestación de la Virgen María que se materializó en una manta, su aparición data de 1531 en lo que era la capital de la Nueva España. A lo largo de la historia ha ganado fama de obrar milagros, es por eso que fue ganando cada vez más devotos. Aunque apareció en El Tepeyac, su culto se extendió por toda la Nueva España y, posteriormente, la España peninsular. A pesar de esto, su veneración siempre ha estado ligada al arzobispado mexicano. Es importante porque, se cree, fue la primera vez que un azteca veía a la virgen a su semejanza.
Por la alta devoción que se le tiene se han hecho múltiples representaciones de ella, inicialmente se hacían en papel o en lienzo pero ahora la puedes ver en camisetas, libretas o mochilas. Pienso que su valor fue más allá de lo religioso y ahora es también un símbolo identitario nacional que, a su vez, es importante en la cultura popular. Se encuentra presente en todos lados. En el país, su imagen ha sido utilizada de forma significativa con motivos sociopolíticos en momentos de crisis y desafíos. Incluso, durante la lucha de Independencia estuvo presente en el estandarte. Pero también ha sido importante en la cultura urbana, pues es común encontrarla en graffitis y hasta canciones. Y, por si fuera poco, el Museo Nacional de Arte Mexicano (citado en N. Larkin, 2017) menciona “Su nombre e imagen se han convertido en sinónimo de mexicanidad, pues encarna el tema central al que inevitablemente debe volver cualquier estudio sobre la identidad mexicana”.
Mencionan en una entrevista realizada por Ximena N. Larkin que su origen como instrumento de conquista no deslegitima su influencia como representante actual de las clases bajas. Está tan asociada con el nacionalismo, las mujeres y la religión que, aunque sus orígenes religiosos son muy importantes, hoy en día trasciende de ellos.
Ahora que conocemos mejor a la Virgen de Guadalupe hay que recordar que las novenas no se hacen solo a ella ni solo en el mes de diciembre, todo el año se hacen novenas. En mayo se hace a la Virgen de Fátima, a finales de octubre se hace a los Fieles Difuntos (del 24 de octubre al 1 de noviembre, para que las almas del purgatorio puedan reunirse con Dios en el cielo), a los Reyes Magos, a San Antonio, al Niño Jesús, o a cualquier Santo en general. También se realizan cuando fallece alguien.
Novenas entonces, por aquí y por allá.
Los primeros registros de éstas en Yucatán son de 1722. El documento nos menciona los pueblos de Muna, Maní, Dzan, Bolonchén, Ticul, Tiab, Hopelchén, Dzemul y el Barrio de la Mejorada en Mérida. Primero dice que en Muna se realizó un novenario a San Antonio, de misas cantadas con Sermón, el cual fue organizado por nueve personas y que este santo tenía muchos devotos en el pueblo. Por su parte, en Maní son muy devotos la Virgen de la Asunción porque es la santa patrona del pueblo. Se hacen en su honor dos novenas con misa cantada y sermón al año, una en diciembre y una en agosto. Dzan celebra en el mes de septiembre fiestas con toros, comedia y fuegos, además, se realiza un novenario de misas cantadas con sermón a Cristo de San Román, santo patrono del pueblo. En Bolonchén y Hopelchén durante el mes de diciembre se celebra un novenario en honor a la Virgen de la Inmaculada Concepción. Asimismo, por esas mismas fechas en el convento de Ticul y en el pueblo de Tiab se celebra el novenario del Santo Cristo de Chumayel. El pueblo de Dzemul realiza durante el mes de diciembre una fiesta de toros y fuegos, un novenario con misa y sermón, a la Virgen de la Expectación. Por último en Mejorada, Mérida, se organiza un novenario a San Antonio de Padua con pompa de fuegos e instrumentos musicales. También se dedica un domingo a la Virgen del Carmen.
El patrón principal aquí es que se realizaban al santo patrono del pueblo y que las acompañaban de fiestas, jaranas, corridas de toros y muchas otras cosas. Además, su organización y celebración era muy colectiva: no una persona, no una familia, sino el pueblo entero. El eje original del texto consistía, precisamente, en mostrar la organización de los gremios que servían para costear toda la fiesta y el novenario. Gremios en los que participa todo el pueblo, principalmente porque todos eran devotos al santo patrono.
Lo siguiente que encontré fue en Yucatán. Una Cultura en Transición de Robert Redfield. Durante el capítulo dedicado a esto, el autor solo menciona la diferencia entre las de Yucatán y las de Quintana Roo. Asumimos que “las de Yucatán” refiere a un análisis general de las tres comunidades de Yucatán que menciona en su libro, siendo Dzitás, Chan Kom y Mérida. Aclarado esto, se menciona que “el elemento central y casi invariable en el culto del santo consiste en una serie de nueve noches de plegaria. En la mayoría de los casos, esto consiste en rezar nueve veces una novena, cuyas oraciones e himnos están compuestos por gentes de la iglesia y publicados como particularmente propios para el santo en cuestión. Cuando los adoradores no conocen o no tienen el texto de la novena, pueden sustituirlo con el rezo de nueve rosarios. En las grandes comunidades se tenía la costumbre de celebrar nueve misas”. El novenario empezaba de forma que la última noche del rezo se hacía la noche anterior al día del santo. Las nueve misas eran la ofrenda principal, pero cualquier otra actividad contribuía a su gloria. Esta era una ofrenda colectiva, no por favores individuales. En las zonas urbanas lo más común era que una mujer fuera la encargada de realizarla.
Aún hablamos de una actividad colectiva, cuya organización y participación incluía al pueblo entero.
Ahora, Azael Hansen nos dice en Mérida. Su transformación de capital colonial a naciente metrópoli en 1935 que, en ese momento, las novenas eran consideradas por la iglesia más que nada una celebración sin valor religioso. Esto se debía a que las novenas domésticas eran menospreciadas porque se les relacionaba con la clase baja. En aquellos años, a las novenas asistían treinta o cuarenta invitados, se ofrecía algún bocadillo, horchata y refrescos embotellados. Si había baile se llevaba una radio o un fonógrafo. Algunas veces el novenario, o mejor dicho el rezo, solo se hacía una noche.
En esta época los santos más “famosos”, o a los que más se les acostumbraba a rendir culto, eran a la Virgen del Perpetuo Socorro, Cristo de las Ampollas, Santa Teresita de Jesús y El cristo rey, San Antonio, San Nicolás y el Santo Niño de Atocha.
Pero Hansen también menciona que generaciones atrás (quizá refiriéndose a finales del siglo diecinueve e inicios del veinte) las novenas, por el contrario, eran un punto importante entre la clase baja para demostrar estatus social: decoraban la casa y el patio, el altar se adornaba con flores y velas, se organizaba una jarana con la mejor orquesta, se ofrecía pavo, gallina o cerdo (en lugar de un simple refrigerio) y el dueño agasajaba al nochero durante las primeras ocho noches, en la última incluía a su familia. El rezador era acompañado por dos cantores y alguien que tocaba un órgano portátil. Se podían registrar hasta cien asistentes.
Durante los años 30 había mucha tensión entre el Estado y la Iglesia, así que tiene sentido cuando menciona, además, que se hacían a puerta cerrada y que las personas ya no solían invitar a cualquiera. Encima, pasamos de novenas que se hacían en las iglesias del pueblo, para todos, a novenas domésticas que se hacían con menos invitados. Y aquí es justo donde notamos que el valor de las novenas iba más allá de lo religioso, pues también era un símbolo social. Las usaban para demostrar estatus a finales del siglo diecinueve, y durante la tercera década del veinte la novena doméstica era asociada con las clases bajas y, precisamente por eso, le atribuían menos valor.
Para terminar, podemos leer en Solares, rumbos y pueblos: organización social de mayas peninsulares una descripción más cercana a lo que conocemos hoy en día: una persona, y su familia, se encarga de hacer el novenario; cada noche hay un encargado o nochero, que es responsable de repartir el t’oox (es decir, un refrigerio y en caso de la última noche, un platillo algo más elaborado). El texto menciona las comunidades de Chacsinkín, Yaxuná y Chikindzonot. En la primera se había realizado un novenario durante 36 años a los Reyes Magos, se hacían 3 cabezas de cochino, contrataban músicos y “jaraneras”. Toda la familia era rezadora de oficio. En la segunda, oganizaban novenarios a las Santas Cruces de diferentes grupos familiares. Me parece importante recalcar que menciona que ahí habitaban muchos protestantes y hacer novenas “les permite mantener la cohesión e identidad familiar y católica frente a los protestantes”. Ahora sí, en chikindzonot, nos menciona de una realizada a la Virgen de Guadalupe. Dice que la organizaba una familia pero que poco a poco más personas en el pueblo querían donar veladoras, cohetes, maíz e incluso un pavo; entonces comenzaron a organizarla como un gremio, agrandando la lista de los donantes.
Aquí ya es una organización algo más familiar o, mejor dicho, que inició como algo familiar pero que creció hasta incluir a todo el pueblo. Es el único documento, de los que consulté, menciona específicamente la palabra t’oox que en maya, según sé, significa compartir o algún derivado. Además de esto me pareció importante la parte en donde menciona que en Yaxuná realizar novenas los ayudaba a mantener su identidad tanto como familiar como católica. Otra vez, notamos que le dan un valor social, más allá del religioso.
Novenas ahora, justo aquí.
Y no podría estar aquí, escribiendo sobre novenas, si no hubiera acudido al menos a una. Asistí a dos en Mérida: una en Cd. Caucel y otra en la Colonia Mulsay. Además una allegada, Irma, me platicó cómo se realizan en Cholul, un pueblo a unos minutos de Mérida. Iniciaremos este apartado hablando de ello.
En su familia sus tíos suelen organizar novenas. Los nocheros son casi todos de la familia, que viven en la misma cuadra, y a veces un vecino cercano a ellos. Inician el cuatro y terminan el doce. Este año su hermano será el nochero en la del once y su tío, como cada año, hará la del doce. Cada año le hacen a la virgen porque “ellos creen mucho”. Más que nada por agradecimiento, por si le pidieron un favor y ella se los cumplió. También suelen salir a correr (de peregrinaje), antes eran varios de sus primos y sus hermanos pero ahorita solo sus hermanos, y unos años atrás su hijo.
Haré un paréntesis para hablar de estas peregrinaciones. Por lo que me contó, eligen un lugar al cual ir y “corren” para allá, llevándose con ellos a la Virgen (muchas veces la misma que ponen en la novena); en el camino se turnan para correr, si van en bicicleta unos pedalean un rato mientras otros corren y si van en camioneta el chofer va detrás de ellos, con la virgen, y por ratos unos corren mientras los otros descansan en la camioneta. Al llegar a su destino van directamente a la iglesia del lugar, se presentan y agradecen. Específicamente ellos, desconoce si todos lo hacen, a la regresada van a la iglesia que está en el barrio de San Cristóbal y de ahí vuelven a su casa. Cuando los que se quedaron en casa ven que ya van llegando revientan voladores para anunciar su llegada, además les entregan una veladora y un ramito de flores. Intentan que sea antes de la siguiente novena para regresar a la Virgen al altar, si consiguen llegar antes se quedan a la novena y si no, solo entregan en el altar el ramito que les dieron. También al colocar a la Virgen en su lugar le dedican “porras guadalupanas”, puedes googlearlas tal cual y encontrarás muchos ejemplos. Según ella ha oído, si vas un año, debes ir otros dos después porque “la regla” es hacerlo tres años consecutivos.
Ahora sí, sigamos con las novenas. La rezadora no es de la familia, es de una colonia cercana. Ella es quien acude cada año a las novenas que realizan, ellos solo hacen a la Virgen de Guadalupe y algunas veces el veinticuatro de diciembre le hacen una pequeña procesión al Niño Jesús.
El altar se adorna con flores, veladoras y luces. En casa de su tío está puesto en una clase de capillita dentro de la misma casa, la cual cada año pintan para que se vea presentable. No lo cambian cada noche sino que, por decirlo así, se acumula porque cada nochero va agregando más flores y veladoras, solo se cambia si se marchitan las flores. Algo que me llamó la atención aquí es que me comentó que algunas personas llevan a “sus virgencitas” para “oír la novena”, las colocan alrededor del altar (en este caso dentro de la misma capillita) y cuando acabe el novenario se las vuelven a llevar. En algunos altares la Virgen está ahí todo el año pero en este la sacan específicamente en éstas fechas. También, cuelgan una manta que tiene una imagen de la Virgen hecha con lentejuelas, que fue bendecida y ella misma costuró a mano.
Antes de que empiece la novena, enfrente del altar se pone un plato de la comida que se va a dar, como ofrenda. Está puesto el altar y justo enfrente se sientan la rezadora, a su lado sus ayudantes y el nochero… algunas veces también la persona que organizó el novenario. Detrás, todos los asistentes.
Generalmente las novenas inician entre siete y siete con diez. Comenta que ha ido a unas en las suelen dar un refrigerio, por ejemplo dulces de calabaza, pan o arroz con leche, pero en las que organizan en su familia están acostumbrados a dar cena: hamburguesas, tamales o tortas. Este año, en la de su hermano están pensando en dar polcanes o sopes, y el postre lo va a donar ella.
La última novena se hace el doce. Su tío el día doce hace dos, la normal en la noche y otra al medio día. La de la noche empieza antes, como a las seis y media, porque llega el mariachi a tocar. Toca media hora y de ahí se revientan voladores para dar inicio. Cada que termina un misterio se revientan voladores, anunciando que va a empezar el siguiente. Con un misterio se refiere a un rezo, un rosario. Son cinco misterios que se rezan durante la novena y cada que termina uno se revientan voladores. Al terminar, dan cena y postre. El nochero es quien da la cena y alguien más le dona al nochero el postre. Algunas veces rompen piñata y beben cerveza después de que acabe la novena, antes incluso contrataban un tecladista y al término de la novena algunos se quedaban a bailar. Ahí si acababa tarde, dos o tres de la mañana, ahora no.
Es característica la pirotecnia pues también cuando finaliza todo se vuelven a reventar petardos y luces. Cuando acaba cada misterio se revientan solo dos o tres, pero cuando acaba la novena son muchos más. Antes de que inicien los rezos también, primero uno y luego otro. La primera y segunda llamada le dicen, la tercera la hacen cuando la rezadora ya va a empezar.
A ambas suelen asistir aproximadamente setenta personas. En algunas van más o en algunas menos. Ella dice: “La gente como que ya conoce quién da mejores cosas y es donde más van. Saben qué nochero, dicen: >>Ah, este nochero da bueno<<. Saben quién es el nochero y van”.
Me cuenta que en general las novenas se hacen en la noche, pero hay quienes la hacen en la tarde. Incluso ha conocido personas que el doce hacen el novenario completo en el transcurso del día. O también, que en lugar de hacer su última novena entre la tarde-noche del doce, la hacen el once cerca de la media noche y el mariachi toca al término de ésta, para que le cante a la virgen apenas empiece el día doce.
El siguiente es un caso bastante particular, pues este año en la Colonia Mulsay se está haciendo un novenario de doce novenas. Iniciaron el primero de diciembre y acabarán el doce. Dirás, ¿Por qué están haciendo tantas? Pues bueno, cuando se empezó a organizar y a buscar nocheros, hubo muchos que si o si querían tener su noche, así que se les dio el gusto a todos y se pusieron en marcha. El nochero pone el altar para la virgen y, cómo cada noche hay un nochero diferente, se va cambiando. Le trae sus flores o cambia de posición las que ya hay, o lo que quiera agregar, todo a su gusto. Muchas veces el nochero es alguien de la misma familia.
La organiza un señor llamado José Balam, que además de ser el organizador también es el rezador. Casi toda su familia es nochero este año. Hace novenas en su casa desde el año 2021. Anteriormente se había realizado en casa de su abuela, que las había hecho durante 20 años por promesa y luego siguió haciéndose por tradición. Cuando su madre se hizo muy mayor, él comenzó a hacerla. Los rezos se han aprendido de generación en generación, pues su bisabuela, su abuela y su mamá eran rezadoras. Ahora él es el rezador de la familia.
Él tiene un librito con las oraciones y el “cómo hacer una novena", que me permitió fotografiar. Me contó que los sacerdotes o en las iglesias se dan y que es el tradicional, pero que es más una guía que una imposición de lo que a fuerzas se debe hacer; está dividido en como hacer la novena y las oraciones. Las oraciones están divididas por primer día, segundo día, etc. El segundo año que el señor hizo su novena, por su devoción, le escribió una canción a la virgen como bienvenida. Cada año la canta al inicio de la novena, en todas las novenas. Inician entre siete y siete con quince. Hay un horario pero inicia cuando haya bastante gente o, si el nochero está esperando a alguien, hasta que llegue esa o esas personas. Dura una hora más o menos.
Toda esta información me la concedió el primer martes de diciembre, pues por pura casualidad llegué y estuvimos platicando. Me invitó a volver y lo hice el siguiente martes, para la novena del 9 de diciembre. Cuando llegué ya había empezado, posteriormente me dijeron que había sido unos cuantos minutos antes. Habían aproximadamente cincuenta personas, me contaron que conforme se acerca el doce comienzan a ir más y más. Toda la terraza estaba decorada con papel picado tricolor y habían dos estandartes con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Además, había una virgen con lucecitas en una pared.
Estaba puesto el altar con sus luces, velas y flores, en el centro la Virgen. A ambos lados había unas figuras de ángeles. Enfrente estaba puesta una mesita que usaba el rezador, tenía encima otra copia de los rezos y el micrófono que usaba, además de unas baterías y unas macetas con plantas. Después de la mesa estaba sentado el rezador y a su lado, la nochera. Detrás de ellos todos los invitados.
Dentro de la terraza había tantas mujeres como hombres. Aunque también había niños y me pareció ver un par de adolescentes, la mayor parte de los asistentes eran adultos jóvenes, de mediana edad o adultos mayores. Algunas personas tenían unas copias del librito con los rezos, que el organizador proporcionó, para guiarse y otras se sabían todo de memoria. Incluso me pareció oír una voz infantil que la recitaba de memoria. Afuera, había algunos hombres que, aunque no estaban en la terraza, vi que sí estaban atentos a los rezos. Además, estaban los niños más grandes y otros adolescentes, ajenos a lo que pasaba adentro, conviviendo entre ellos. En total, unas cincuenta personas.
Los rosarios transcurrieron con normalidad, todos estaban sentados. En dos ocasiones nos paramos. El rezador iniciaba una oración y luego las personas la seguían. Cuando iba a acabar, volvimos a pararnos. Al final, el rezador le dio las gracias a las personas por asistir y se repartió el t´oox. Me dieron un vaso de refresco, un perro caliente, una hojaldra y papas.
Para acabar asistí a la novena del once de diciembre, la última, en Ciudad Caucel. Algunos me dijeron que la última era el doce y otros que el once, pero aquí se hace el once. No se estaba realizando el novenario completo, solo la última novena el día anterior al de la Virgen.
Llegué más o menos media hora antes de que iniciara. En la cocina se estaba terminando de hacer el t’oox. Se iba a repartir un platillo completo: pechugas parmesanas, espagueti, pan con ajo, ensalada, donitas y un mazapán. Además, un refresco embotellado. En el altar estaba la Virgen en el centro, a su alrededor colgaban flores y lucecitas; detrás, la bandera de México. A sus pies estaban puestas más flores y varias veladoras, conforme llegaban algunas personas, ponían las velas o veladoras que traían consigo. El mantel que cubría la mesa del altar igual era tricolor.
Aproximadamente quince minutos antes de que iniciara (habían citado a las nueve y media), nos dijeron que ayudaramos a poner las sillas así que eso hicimos. Más o menos en ese momento empezaron a llegar las primeras personas. Unos minutos después de las nueve y media llegó la rezadora. Es un poco moderna pues llevaba consigo un teclado con el cual se ayudó con los cantos. Repartió copias con los rezos. Se reventaron voladores. Inició la novena.
La dinámica fue diferente a la anterior a la que asistí. La rezadora recitaba un misterio y después una canción, durante la canción el señor que estaba encargado reventaba los voladores. Los rezos eran diferentes, además, estaban combinados, me refiero a que no seguían el orden (cronológico, creo) que estaba marcado en las copias sino que antes de pasar al siguiente misterio decía el número y las personas lo buscaban en las hojas con ese número, por ejemplo, pasaba del 17 al 26.
Asistieron unas 70 personas. En esta también había tanto mujeres como hombres, adultos jóvenes, de mediana edad y mayores. No había niños. Al principio sí, una infanta, pero conforme pasaba la novena decidió entrar a la casa. Cuando llegaron más niños entraron directo a la casa a jugar, no estaban interesados en el rezo. Tampoco me pareció ver adolescentes, excepto una pero como era familiar de la organizadora estaba en la cocina ayudando.
El mariachi debía llegar a las diez con cuarenta y cinco. Llegó puntual pero la novena no había acabado, entonces se hizo una pausa para que pudieran cantar. Cantaron cuatro o cinco canciones. Les dieron t’oox y se fueron. Mientras cantaban se reventaron varios voladores.
La novena siguió por unos veinte minutos más. Durante ese tiempo no permanecí afuera atenta a los rezos sino que entré al comedor en donde estaban terminando de empacar el t’oox. Eran varias personas ayudando, conmigo seis o siete. Estaban atentos a que la diera por concluida la rezadora y apenas lo escucharon entre varios salieron a repartir los platos. Algunas personas se fueron apenas les dieron la comida, otras se quedaron un rato más a platicar o solo a comer.
De estas novenas vemos que, primero, la organización se reduce a una familia. La celebración incluye a personas cercanas: vecinos, familiares y conocidos. Los gastos los costea el organizador, ya no se realiza un gremio en el que todos participan para ayudar con lo que se vaya a usar. Los adultos son quienes siguen la tradición, no hay tanto interés entre los más jóvenes. El agradecimiento o petición, y consigo la ofrenda, ya no es colectiva sino que ahora es realizado más por pura devoción y tradición que por haberle pedido un favor. Cabe recalcar que éstas, ya las tres, son zonas más urbanas.
El novenario como portador de la identidad colectiva.
Más allá del valor simbólico que tienen en la religión católica, históricamente, también han tenido importancia social. Tanto la Virgen, reivindicada y denominada protectora de los mexicanos, como el novenario. En sus inicios, el gremio anterior a la novena tenía una función social. Las personas del pueblo se reunían para cooperar y que se pudieran costear los gastos de la novena. Novena en la cual la ofrenda, la petición y la gratitud eran colectivos. Fuera de la importancia religiosa, también ayudaba a la unidad en el pueblo. Luego, es usada por las clases bajas como forma de demostrar estatus social y no solo eso, sino que también era una forma de resistencia ante un clero que era allegado a las élites socioeconómicas, que buscaba deslegitimar su fé y restarle valor a la práctica doméstica de actividades religiosas. Por último, en el caso de la comunidad de Yaxuná, es una manera de mantener su identidad y unidad como católicos frente a los pertenecientes a otra religión. En las novenas a las que asistí se repite el patrón de: una familia la organiza y costea los gastos, en los casos en donde se hacía el novenario entero todos los nocheros eran de la familia o personas muy cercanas, los invitados eran familiares, vecinos, amigos y conocidos. Algunos invitados llevaban personas a quienes el organizador podía no conocer e igualmente eran bienvenidos.
Para los creyentes, es un acto que fortalece la cohesión entre la comunidad religiosa y reafirma sus creencias. Hacerla año con año lleva a crear un sentido de pertenencia. Y para los no creyentes tampoco puede pasar desapercibida pues es también una tradición que podría considerarse hasta parte del folclor. Su organización conlleva la creación de lazos comunitarios incluso para los que no son devotos.
Sobre todo, es una actividad que, considero, en algunos casos contribuye a la creación o fortalecimiento de una identidad colectiva. Henry Tajfel en su teoría de la identidad social (citado en Mercado, 2010; Hernández, 2010) menciona que las características para lograr el vínculo entre una persona y un grupo es sentir que pertenece, saber que por ser parte pueden calificarlo (externos e internos) de manera positiva o negativa, y sentir afecto por el hecho de pertenecer a ese grupo. Está muy marcado el ellos contra el nosotros. La distinción por identidad religiosa no siempre está presente en una comunidad porque no suele ser una razón para segregar, al menos en los espacios públicos o de reunión como parques o escuelas, pero en casos como el de Yaxuná, en donde “sienten” amenazadas sus tradiciones por la presencia de un número igual o mayor de protestantes, ser católico sí es parte de su identidad, una identidad que reafirman con actividades como las novenas y que en su día a día los distingue de los otros en el pueblo. O cuando el novenario es al santo patrono del pueblo, se refuerza en su identidad la pertenencia al pueblo, incluso cuando la asociaban a una clase social, etc,.
En El proceso de construcción de la identidad colectiva (2010) nos dicen que en un mundo tan complejo como en el que vivimos, la identidad no la conforma pertenecer a un único grupo pues uno puede ser, digamos, católico, seguidor de un partido político, mexicano, etc. Todo a la vez. Pero no basta solo con decirlo, porque la pertenencia social por autoadscripción ya no es suficiente, sino que debe conocer y compartir los elementos del grupo. “La adscripción a un grupo no es suficiente para que los sujetos se identifiquen con el mismo, porque la construcción de la identidad colectiva, en el contexto actual, es un proceso social complejo que requiere de la participación activa de los sujetos en las prácticas colectivas del grupo; pues es en los procesos de comunicación donde se reproducen los grupos y se adquiere la conciencia del nosotros” (Mercado, 2010; Hernández, 2010). Es en la práctica activa de las actividades del grupo en donde entran precisamente las novenas.
Referencias
AGI, México, 1021. 1722. “ Sobre el comportamiento de los miembros de las cofradías e ingresos de los religiosos. Las fiestas en los distintos partidos y cómo se sostienen”
Arboleda, Carlos. “El Politeísmo Católico. Las novenas como expresión de una mentalidad religiosa. Colombia S.XIX-XX”. Postgrado de Historia, Universidad Nacional de Colombia, 1995. https://www.researchgate.net/publication/211523524_El_politeismo_catolico
Catholic.net https://es.catholic.net/op/articulos/15499/novena-por-los-fieles-difuntos.html#modal
Cruz Sánchez, Pedro Javier. “Una Introducción a La Literatura Piadosa Popular: Las Novenas” El Filandar o Fiadeiro, número 17 (S. F.): Pg. 17-22. https://www.academia.edu/20714555/Una_introducción_a_la_literatura_piadosa_popular_las_novenas
Hansen, Asael. “Religión Tradicional y Moderna: Oficial y Popular”. En Mérida. Su transformación de capital colonial a naciente metrópoli en 1935. Editado por Instituto Nacional de Antropología e Historia. 1984.
La comunidad sin limites. La estructura social y comunitaria de los pueblos indígenas de México. Volumen 1. Millan Saúl y Valle Julieta Coordinadores. CONACULTA-INAH. ISBN: 970-35-0095-1 (Obra completa) ISBN: 970-35-0096-X (Volumen 1). Primera edición: 2003. Solares, rumbos y pueblos: organización social de mayas peninsulares. https://www.mayas.uady.mx/articulos/solares.html#autor
Mercado, Azael, y Hernández, Alejandrina. “El proceso de construcción de la identidad colectiva”. Convergencia, vol. 17. No. 53. (2010). https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352010000200010
Redfield, Robert. “De día sagrado a día de fiesta”. En Yucatán. Una cultura de transición. Editado por Fondo de Cultura. 1941.
VICE https://www.vice.com/en/article/how-la-virgen-de-guadalupe-become-an-icon/
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