¿Problema indígena o darle problemas a los indígenas? ¿Ser parte del sistema colonialista o ser el colonialismo?

 ¿Problema indígena o darle problemas a los indígenas? ¿Ser parte del sistema colonialista o ser el colonialismo?.

May, Sharon

Margarita Nolasco nos dice en “De eso que llaman Antropología Mexicana” que la antropología aplicada no sólo se ha limitado espacialmente -México- sino que también ha restringidosu temática -sólo lo indígena- y se ha convertido en una ciencia social colonialista, útil únicamente paraconocer al dominado. Lo advertía en una obra crítica en plenos años 70, cuando por fin, después de décadas del surgimiento de

la antropología en México se rompían los lazos con el enfoque indigenista. Y es que, como ella y los otros

autores de la obra mencionan en sus respectivos ensayos, la antropología hasta entonces no había sido

autocrítica y no había dejado de encasillarse en temas únicamente relacionados con el problema indígena .

Quiero decir, a riesgo de sonar exagerada y equivocada, que en un principio los antropólogos fuimos

viles marionetas del Estado. Es triste, pero es lo que es. Y ni siquiera es que hubieran detrás de todo eso

malas intenciones, que no siempre era así, es simplemente que en las ideas, totalmente eurocentristas,

de modernidad y progreso, los indígenas eran vistos como: o seres totalmente ingenuos e ignorantes

que había que traer a la civilización (sin cuestionarse qué era civilización o si ellos querían ser parte) o

lastres muy problemáticos que había que quitar de en medio. 

Por desgracia, esto no surgía en México, de nuevo solo estábamos copiando las malas mañas de los

europeos. Cuando Francia y Gran Bretaña empezaron a enviar antropólogos con sus embarcaciones a

África (y obtuvieron buenos resultados) marcaron la pausa para el uso de los estudios antropológicos

como herramienta de dominio.  

El caso de México me parece muy particular porque en el ejemplo que acabo de dar utilizaban la

información sobre su sistema económico y político para, en un principio erradicarlo e imponer el modelo

europeo y luego para mantener y respetarlo siempre y cuando los líderes cedieran al dominio de los

colonos, pero México no fue así. Tal nos dice, de nuevo, Margarita Nolasco en el mismo ensayo que el

indigenismo no tenía una esencia antropológica porque no era comparativo: una característica fundamental

de la disciplina. Solo se estudiaba México y a las comunidades indígenas como sujetos aislados de todo.

Nunca se interesaron realmente en conocer sus sistemas porque no querían dominarlos, querían eliminarlos. 

Y a todo esto, ¿por qué? Nos encontrábamos recién salidos de la revolución mexicana: el país era un desastre

tanto de forma física como sociopolítica, había desconfianza entre las facciones que se habían formado años

anteriores, con trabajo y podían mantener a una persona en el poder sin que eso significara problemas, no

se podía gobernar una nación que ya ni siquiera existía (o que no había existido hasta entonces).

Necesitaban unión, que todos tuvieran las mismas metas y que no dieran problemas sino que contribuyeran

al desarrollo del país. Entonces, mediante simbolismos muy pegajosos e historias míticas fueron

creando la idea del México mestizo e independiente… pero los indígenas no entraban en ese molde

y por eso querían o traerlos al molde, o eliminarlos del pastel. 

Ahí es cuando entra el antropólogo, estudioso de temas indígenas, al servicio del nuevo Estado.

¿Eran realmente seres malvados? Claro que no (quiero creer), pero por desgracia, eran producto de la

época. Mercedes Olivera, en el mismo ensayo que menciono al inicio, nos dice cómo no se podía

hacer una diferencia no colonialista desde la antropología porque la antropología era en sí una

disciplina colonialista. Es decir, no podían hacer cambios a un sistema del cual eran parte y se beneficiaban

porque: primero eran blancos hegemónicos de clases notablemente acomodadas, y segundo,

¿a quién no le gusta tener trabajo asegurado y una vida cómoda? Aunque alguno quisiera ir en contra

de la corriente (Gamio, en algún momento quizá), otros con más experiencia y más contactos

buscarían mantener las cosas a su beneficio (definitivamente hablo de don Caso). Y es que hasta la

actualidad tenemos esa duda, existencial definitivamente, de ¿qué tanto se puede ser revolucionario

contra un sistema del cual eres parte y te beneficias?


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